El uso del torno se remonta, aproximadamente, al año 5.000 a. C.;
empezó en
Egipto, en Oriente
próximo y en Asia. Alguna culturas, en especial en el hemisferio occidental, como los indios de
América del Norte y del Sur, los esquimales y los isleños de los mares del Sur, nunca utilizaron el torno para modelar el barro. Fabricaban sus vasijas a mano, sobre todos con rollos o a pellizco. Algunas veces, las realizaban sobre platos que giraban a medida que se
añadían rollos a la pieza o sobre piedras que se
movían sobre otras piedras; otras veces el alfarero iba
dándole vuelta a la vasija mientras la hacia. Estos
métodos pueden parecerse al modelado con torno, pero con ninguno se centraba el barro perfectamente.
EVOLUCIÓN DEL TORNO
En las culturas que si utilizaban el torno, estos presentaban grandes
diámetros.
Habitualmente, eran de madera,
bambú o piedra, y estaba montados sobre un palo clavado en la tierra o sobre una vara anclada en piedra. El alfarero, de pie o en cuclillas, se inclinaba sobre el y lo giraba con un palo colocado en un agujero en la parte superior.
Otra
opción consistía en contar con un ayudante
que girase el torno con una cuerda o se estirase en el cuelo para hacerlo girar con los pies.
Con el tiempo fue evolucionando hasta llegar a tener un tamaño mas controlable. Entonces, el alfarero se
podía sentar y moverlo a mano con un
pequeño palo colocado
en un agujero en la parte superior.
Después de miles de años, se crearon los tornos
eléctricos, aunque muchos ceramistas siguen usando los tornos que se hacen girar con los pies, con pedales o con la mano.
Dichos tornos cuentan con varios caballos y marchas, y hacen posible tornear grandes piezas de barro, y aumentar o disminuir la velocidad de la rueda con un pedal similar al del acelerador de un coche.
Sin embargo, algunos ceramistas
todavía prefieren los tornos de pie en lugar de los
eléctricos por cuestiones de sensibilidad y
empatía.